La protesta social: En la mira del narcotráfico

Foto: C. Jurídica Libertdad

Por: Anuar del Cristo Torres-Díaz

Duros golpes se vienen dando por parte de la fuerza pública a los GAO (Grupos Armados Organizados) a nivel nacional y Córdoba no es la excepción. El narcotráfico, que es el combustible para los conflictos, se da mientras haya quien consuma y quien produzca.

No habrá consumo sino hay quien lo ponga en el mercado y llega al mercado si se garantiza su producción. Por desgracia, este proceso de fabricación de los alcaloides se realiza generalmente en los territorios periféricos, habitados en su mayoría por campesinos, afros, e indígenas, por familias humildes y vulnerables.  

Históricamente la falta de oportunidades ha llevado a que gente de bien tome el camino del mal, la ruta más corta y peligrosa, sabiendo los riesgos y reconociendo la ilegalidad o muchas veces constreñidos por los grupos al margen de la ley que infunde terror y zozobra.

En Córdoba, las cosas han comenzado a cambiar desde cuando llegó el gobierno de Orlando Benítez Mora, cuya gestión y presencia constante en los territorios han venido a recuperar la confianza que la ciudadanía había perdido en la gobernación, una entidad, que, por tantos escándalos y abusos, lo único que propiciaba era rechazo e indignación.

Pero Benítez, le ha implementado una dinámica de diálogo abierto, franco y constructivo, el ciudadano ha comenzado a sentirse cercano y partícipe de los procesos y esto, sin duda, es un paso adelante en la construcción de tejido social y en la consolidación de las bases que nos hacen soñar en un futuro promisorio.

La Fuerza Pública, rodeada por la institucionalidad, cada vez está más cerca al territorio y ha dado duros golpes a los delincuentes, lo que genera, como es obvio, cambio de estrategias, para evadir la acción de las autoridades. Una de estas nuevas formas, es motivar y financiar protestas sociales como distractores para seguir cometiendo sus fechorías, sembrando coca, produciendo y comercializando el veneno con que destruyen vidas, cercenan futuros, apagan esperanzas.  

Desde luego que no se puede generalizar, pero tampoco se puede desconocer que la mano untada de dineros ilícitos financia marchas y agitaciones sociales en distintos lugares de la patria, para generar caos, incertidumbre y alteraciones, pues es el escenario ideal para crear cortinas de humo.

Muchas personas seguramente son utilizadas inocentemente y sin conocer los objetivos que se esconden detrás de muchas de las supuestas reclamaciones, a otros les pagarán y otros tantos obtendrán beneficios, lo cierto es que estamos en presencia de una nueva forma, en la que desesperadamente opera el narcotráfico, para tratar de frenar los golpes certeros que propina el estado, para intentar disminuir el creciente desprestigio de estas organizaciones criminales y detener el acceso a la Institucionalidad en el territorio que aumenta poco a poco.

La protesta social es un legítimo derecho de la ciudadanía, su ejercicio está protegido por la carta magna, pero se desvirtúa, pierde su esencia y su naturaleza, cuando es permeada por oscuros intereses y movida por quienes desangran a la nación y aniquilan la esperanza y el futuro del pueblo. Que los violentos sepan que no nos engañan, que estamos alertas, que no caeremos en su trampa.

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