La masacre de cinco personas, de una misma familia, que estremeció a Montería hace 25 años

Un horrendo hecho de sangre casi nunca visto, estremeció a Montería cuando se conoció la noticia la noche del 26 de enero de 1996. Un ingeniero mecánico, de nombre Juan Carlos Pérez Díaz -según sentencia- había masacrado a cinco personas de una misma familia en el barrio Risaralda en el centro-sur de la capital cordobesa.

Las investigaciones de los médicos forenses de la época informaron que los homicidios se habían registrado entre las 10:00 de la noche del 25 de enero y las 6:00 de la mañana del día siguiente. Las víctimas fueron, la esposa del ingeniero, dos cuñadas y los suegros. Fue un hecho horripilante que conmovió a toda Montería.

Esa vez, resultaron degollados, las menores de edad, Anlly Sarllany, (esposa de Juan Carlos); LLasminareth y Nallymi Esmith Zuluaga Alarcón. También los padres de las niñas, Arnulfo Zuluaga Pineda y Luz Amparo Alarcón Suárez. Los occisos pertenecían a una familia antioqueña que se había radicado en Montería.

¿Qué pasó?

Juan Carlos, un hombre mucho mayor, se había casado dos meses antes, con Anlly Sarllany Zuluaga Alarcón, una niña de solo 15 años, que a esa edad todavía debía estar jugando con muñecas. Según las investigaciones, una vez se unieron por el sagrado vínculo del matrimonio, comenzaron las peleas.

Se hablaba de que el ingeniero mecánico celaba a su esposa, y por eso pasaban en conflicto a toda hora. Esa situación ocasionó que la familia Zuluaga Alarcón interviniera en el asunto. Lo había hecho doña Luz Amparo quien con el dolor  de  madre tuvo cruces de palabras con el profesional.

Es así, como días antes de los macabros hechos, Alarcón Suárez había discutido  con su yerno. Entonces éste, energúmeno, rompió los vidrios de las ventanas de la residencia de los Zuluaga Alarcón. Además, llegó a decir que si le quitaban a Anlly, la mataba y él se suicidaba.

Pérez Díaz un hombre de buena presencia, que vestía impecable, no tomaba y tampoco fumaba; daba la impresión de que una persona de esas cualidades, no hubiera cometido el quíntuple crimen. Aunque algunos afirmaban que el temperamento de éste, era violento.

Los hechos

La pareja Zuluaga Alarcón y las tres hijas se había acostado a dormir a las 10:00 de la noche de ese fatídico jueves  25 de enero. Luego de un día convulsionado por la abrupta separación de Anlly Sarllany, la mayor de las hijas. Hacía más de dos meses, Anlly estaba conviviendo con Pérez Díaz.

El día siguiente, 26 de enero, la vivienda permaneció cerrada. Por eso, los vecinos y parientes cercanos presumieron que, la familia Zuluaga Alarcón, se había ido de paseo, sin siquiera decir que le echaran un ojo a la casa.

Ese 26 de enero, al caer la tarde, la presunción que tenían los vecinos fue vencida por la duda que generaba la irregular ausencia. Hasta que unos menores de edad, accedieron al patio de la residencia de los Zuluaga Alarcón, en procura de un objeto perdido. Ellos sintieron un fuerte olor pestilente.

Los menores enseguida corrieron y avisaron al vecindario quienes procedieron de inmediato a llamar a la policía. A los pocos minutos se presentó  al lugar de los hechos una patrulla motorizada de la institución oficial.

Los uniformados cuando ingresaron a la vivienda nunca pensaron que iban a encontrarse con una escena tan macabra: las cinco personas habían sido degolladas. Los cuerpos sin vida ya estaban en estado de putrefacción. Habían sido masacrados como se evidenciaba con las heridas producidas y la abundante sangre regada por toda la casa.

Los cuerpos sin vida, de acuerdo con las investigaciones de las autoridades, fueron reunidos por el homicida (o los homicidas), en la alcoba principal. Los padres quedaron en la cama. Mientras las niñas yacían tiradas en el piso. “Fue una escena dantesca y espeluznante, nunca vista en un barrio de Montería”, expresó uno de los vecinos.

Las pruebas reinas

Las investigaciones concluyeron que entre las pruebas reinas estuvieron las huellas dejadas en el vidrio de una claraboya (ventana en el techo por donde entra la luz). Por ese sitio habrían ingresado los homicidas. También fue encontrada parte de un cuchillo, sin cacha, cerca de los cadáveres. Además, de un trozo de madera usado para tal fin.

En cuanto al arma corto punzante, comprobaron que procedía de la casa de Pérez Díaz, puesto que hacía parte de un juego de cuchillos de cocina, que van de menor a mayor. Uno de dichos elementos hacía falta, y las autoridades constataron que se traba del utilizado en los crímenes.

Otro argumento de los investigadores para acusar a Pérez Díaz de ese hecho, fue que, en la residencia había perros y éstos no ladraron (según los vecinos). Lo que hacía presumir que los canes no aullaron porque conocían a la persona o personas que ingresaron a la vivienda.

Aunque también pudo ocurrir que utilizaron algún químico o polvo para adormecer a los perros, como lo hacen delincuentes reconocidos. Incluso, pudieron adormecer a las cinco víctimas del tétrico suceso.

Entre los organismos investigativos quedó un cabo suelto que nunca pudo ser atado. Es que jamás pudieron saber con precisión, si Juan Carlos Pérez Díaz, ingresó solo a la vivienda o lo hizo acompañado.

Aunque algunos peritos aseguraron que era difícil que una sola persona cometiera los cinco crímenes, y que matara a las víctimas con tanta precisión. “Daba la impresión de que hubiera participado alguien más, que sabía muy bien, cómo acabar con la vida de los afectados. Pero eso nunca se supo, porque el indiciado no habló sobre ese tema.   

Las audiencias públicas fueron presididas por el juez Pedro Pérez Cárdenas, como fiscal estuvo Jairo Ruiz Chica, el procurador judicial era Eduardo Pineda Pineda y el defensor del indiciado fue Marcos Vallejo Buelvas.

El Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Montería condenó en primera instancia a Juan Carlos Pérez Díaz, a la pena principal de 60 años por el delito de homicidio agravado. La expedición de la providencia se hizo el 22 de octubre de 1997.

Pero aunque el fallo fue apelado, el Tribunal Superior de Montería, confirmó la sentencia en su integridad el 10 de febrero de 1998. Pero por buen comportamiento en la cárcel, Pérez Díaz habría pagado solo entre 10 y 15 años de prisión.

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