Profe de Córdoba y rector de Putumayo, mejores del Premio Compartir.

 

Carlos Arias, con Aula investigadora, y Orlando Ariza, de Nuestra Señora del Pilar, los ganadores.

¿Cómo promover la movilidad social, la calidad de vida y el progreso desde un salón de clase? Eso fue lo que se preguntó el docente Carlos Enrique Arias, de la institución educativa San Antonio María Claret, ubicada en Montelíbano (Córdoba), cuando se dio cuenta de que el 80 por ciento de los jóvenes que se graduaban del bachillerato no querían ingresar a la universidad y tenían mínimas competencias lectoras.

“Repetían el círculo de pobreza y la situación de miseria en la que estaban envueltos. Como aferrándose al espejo de sus padres”, le cuenta a EL TIEMPO. “Se casaban jóvenes y se volvían albañiles, meseros, trabajadoras domésticas, moto taxistas y raspadores de coca. O quedaban atrapados en situaciones de microtráfico y en redes de prostitución infantil”.

Elegido en la noche de este lunes por el Premio Compartir como el mejor profesor de Colombia, Arias encontró la respuesta en el proyecto ‘Aula investigadora: la investigación como un proceso de lectoescritura y la lectoescritura como herramienta fundamental de la investigación’.

Este año, el premio recibió 1.074 propuestas de maestros y 104 de rectores, y al final se seleccionaron 11 educadores y 5 directores de instituciones educativas que fueron exaltados en la noche de este lunes en la Universidad de Los Andes.

La propuesta del profesor Carlos Enrique Arias consiste en que los estudiantes se apropien de su contexto social y lo comprendan, entiendan las condiciones que afrontan los distintos actores que hacen parte de esa realidad, e inventen y formulen posibles soluciones.

“Frente a la escuela hay una competencia perversa del dinero fácil, y luchar contra eso requiere de mucha creatividad. Nadie es capaz de amar lo que no conoce, así que los puse a indagar sobre la calidad de vida de aquellos referentes o modelos que tenían. Enfrentarse a esa realidad cruda fue un despertar”, explica Arias.

Montelíbano, como muchos otros rincones de este país, ha sido víctima de la violencia, aún después del posacuerdo. A finales del 2018, la Defensoría del Pueblo advirtió el riesgo que corría la población civil de este municipio, pero también de Tierralta y Puerto Libertador, por la presencia de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y el enfrentamiento con estructuras armadas compuestas por disidencias de las Farc, quienes hicieron presencia a través de los frentes 5, 18 y 58.

Arias dice que desde el año 2005, cuando le dio vida a esta idea, decidió apostarle a una “epistemología criolla parida a través de la investigación, que permita romper con el discurso hegemónico de las lógicas clasistas que nos han gobernado”. La meta era hacer de la investigación en la vida escolar, un camino seguro a la libertad y a la autodeterminación de los jóvenes.

El profesor, se concentró en conocer las necesidades, intereses, problemas y expectativas de sus estudiantes, hurgando en sus sentimientos y motivaciones “para confrontarlos con la realidad”.

Desde el punto de vista metodológico, Arias explica que se partió de la premisa de enseñar a investigar, investigando. El proceso empieza con una fase de sensibilización y concienciación sobre la investigación como herramienta para construir conocimiento, luego se le añaden herramientas científicas (semilleros, bitácora de campo, acceso a bases de datos), luego se formula el tema que se quiere investigar (con el planteamiento de un problema, justificación, objetivos, marco teórico, presupuesto, cronograma y referencias) y, finalmente, se analizan los resultados y se hace una reflexión de ellos.

Hoy en día, el 94 por ciento de los egresados del colegio San Antonio María Claret ha continuado su formación superior: técnicos (22,61 %), tecnólogos (20 %) y profesionales (51,3 %). “Hemos podido ver mayor fluidez verbal y escrita, toma de conciencia de su condición social, política y económica; anhelo por acceder pronto a la vida universitaria; más auto respeto y menos propensión a caer en hábitos perjudiciales relacionados con droga, tabaco o alcohol, y mayor tolerancia a las diferencias raciales, sexuales, religiosas y físicas”, dice Arias.

“Es un honor y un deleite verse atendido y escuchado por el abogado, el médico, la bacterióloga, la enfermera, el ingeniero e, incluso, el docente, al que un día serviste como maestro. Es una familia aumentada a la que veo crecer en conocimientos, dignidad y autonomía”, continúa.

‘Primero tenemos que hacer la paz con la educación’

En Villagarzón, Putumayo, solían decir que la Institución Educativa Nuestra Señora del Pilar era “el recicladero del pueblo”. Allá llegaban a matricularse los que habían sido expulsados de otras escuelas, algunos consumidores de sustancias psicoactivas, otros con problemas de disciplina y convivencia, con bajo resultados académicos y repitentes reiterativos.

En el 2009, cuando Orlando Ariza se convirtió en el rector, recibió un colegio con 320 estudiantes, ocho salones y una infraestructura tan deficiente “que tocaba dictar clases en los pasillos o en las casas que estaban en obra”.

Ocho años después, en el año 2017, Nuestra Señora del Pilar se convirtió en el colegio con el tercer mejor rendimiento del departamento, según el Índice Sintético de Calidad Educativa. Hoy tiene más de 800 estudiantes, 20 aulas, un área de 2.500 metros adicionales, un restaurante y un coliseo.

“Necesitábamos una propuesta curricular que fuera propia, que le enseñara a los niños a aprender, que fuera significativa y adecuada a los contextos sociales y económicos de la población”, explica Ariza, ganador del Premio Compartir al ‘Gran rector’. “Les enseñamos a conocer su propia realidad”, dice.

Su propuesta pedagógica tiene como elementos el fortalecimiento de las prácticas de aula, el enfoque en competencias, el trabajo por proyectos y algunos cambios en la manera en que se evalúa.

Las materias no tienen los nombres convencionales, sino palabras que apelan a las cualidades que deben cultivar los niños como ciudadanos: Curiosos (ciencias naturales), Innovadores (tecnología), Creativos (arte), Activos (educación física) y Solidarios (religión), por ejemplo. 

“Nos enfocamos en los pilares de la responsabilidad social; el medioambiente, desarrollo sostenible e innovación, y el desarrollo personal”, explica el maestro. “Han entendido que no necesitamos que sean músicos o futbolistas, o que se sepan de memoria las fórmulas matemáticas, sino que las apliquen en su contexto y entiendan la importancia en el día a día”.

Frente a la importancia de construir paz desde las aulas, Ariza considera que la atención está desviada por “diez mil asuntos y no por lo verdaderamente importante: la educación. Cuando logremos consolidar un verdadero proceso educativo incluyente, caminaremos hacia la paz, pero Colombia no le apuesta a este tema lo suficiente”.

Tomado de: Eltiempo.com

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