Problemas y trastornos mentales en Colombia.

 

¿A quiénes afectan?

Se calcula que el 40 % de la población colombiana adulta ha sufrido, está sufriendo o sufrirá un trastorno mental diagnosticable en algún momento de la vida. Además de ser muy comunes, los problemas y trastornos mentales producen gran sufrimiento y tienen graves consecuencias sociales, económicas y laborales. Sin embargo, en Colombia no reciben suficiente atención.

Gran parte de estos problemas afectan a los jóvenes. La mitad de los trastornos empiezan en promedio a los 14 años y el 75 % antes de los 24 años. Esto también depende del tipo de trastornos, en promedio los de ansiedad y control de impulsos comienzan a los 11 años, los trastornos por consumo de sustancias a los 20 años y los trastornos afectivos a los 30.

Además de la edad, hay otros factores asociados con esos trastornos. Por ejemplo, hay un aumento en periodos de recesión económica, en especial del trastorno de ansiedad, trastornos depresivos y comportamientos suicidas. En la zona urbana, la prevalencia —proporción de personas que sufren o sufrirán algún trastorno durante un tiempo determinado—es mayor que en la zona rural, tanto durante la vida (10,0 versus 6,1 %) como en los últimos 12 meses (4,4 versus 2,7 %).

Los trastornos mentales son más frecuentes en mujeres que en hombres. Por ejemplo, la prevalencia del trastorno depresivo mayor en adultos es del 3,2 % en hombres y 5,4 % en mujeres. Y la prevalencia de cualquier trastorno de ansiedad es 4,9 % en mujeres y 2,9 % en hombres.

Los trastornos de ansiedad más frecuentemente reportados en Colombia son la fobia social (2,7 %) y el trastorno de ansiedad generalizada (1,3 %). Los 8 trastornos más frecuentes tienen una prevalencia del 9,1 % en la vida y en los últimos 30 días del 1,6 %. En adultos, los más prevalentes son los trastornos del estado del ánimo, que se presentan en el 6,7 % de la población en algún momento de su vida y en el 2,4 % en los últimos doce meses.

Por otra parte, el 7,4 % de los adultos ha pensado en suicidarse, siendo otra vez mayor la proporción en mujeres (7,6 %) que en hombres. Además, el 2,4 % dice haber tenido planes suicidas, y el 2,6 %, intentos suicidas.

Los problemas mentales restan años de vida saludable a los colombianos. De acuerdo con el informe de carga de enfermedad en Colombia 2010, los problemas neuropsiquiátricos como la depresión mayor, los trastornos bipolares, la esquizofrenia y la epilepsia son responsables del 21 % de la carga de años saludables perdidos en Colombia —es decir, del número de años durante las personas se ven afectadas por una discapacidad debida a determinada enfermedad y teniendo en cuenta las muertes tempranas que esta produce—.

La depresión mayor fue la primera causa de carga de enfermedad en las mujeres, seguida por la enfermedad hipertensiva, la caries dental, los trastornos bipolares y la esquizofrenia. En hombres la enfermedad hipertensiva fue la primera causa de carga de enfermedad, pero estuvo seguida por la depresión mayor, las agresiones, los trastornos bipolares y la esquizofrenia.

También hay que tener en cuenta que las condiciones de pobreza se asocian con los problemas mentales más comunes. Factores como bajo nivel de escolaridad, desempleo y redes débiles de apoyo hacen que las personas sean más vulnerables a los trastornos mentales. Y estos a su vez empeoran las condiciones económicas, poniendo en marcha un círculo vicioso de pobreza y problemas mentales.

Sumado a lo anterior, algunas patologías mentales, como la depresión grave y la ansiedad, acarrean reducciones significativas en los ingresos de los pacientes —y además de sus cuidadores, que en Colombia son sobre todo familiares, en especial mujeres— Se calcula que aproximadamente el 30 % de los pacientes son atendidos por un cuidador informal (pareja, familiar o amigo), que destina un promedio de 5,6 horas diarias a este propósito. Muchos deben renunciar a su trabajo para poder hacerlo.

En el Foro Económico Mundial se estimó que el costo económico global de los trastornos mentales excede los de cualquiera de las principales enfermedades no trasmisibles, como diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias crónicas y cáncer.

Sin embargo, en Colombia no existen datos publicados sobre los costos económicos del trastorno mental. Esto dificulta la planeación oficial de las acciones en salud, pues al no saber cuánto dinero necesita el cuidado de los afectados por problemas mentales, no se pueden asignar los recursos necesarios.

Servicios de salud

La Ley 100 de 1993 señala los principios de equidad, obligatoriedad, protección integral y calidad como pilares del régimen de seguridad social.

Sin embargo, los servicios y programas de salud mental son muy limitados y son pocos los recursos destinados directamente a ellos. De hecho, aunque las cifras muestren que se trata de un asunto de salud pública, el Estado no tiene un presupuesto específico para atender problemas y trastornos mentales.

Por otra parte, la Ley 100 da prioridad a la atención en la fase aguda e inicial de la enfermedad. Por eso los tratamientos para personas con escasos recursos tienden a reducirse al manejo de urgencias, sin realizar un seguimiento adecuado. Frecuentemente las familias carecen de apoyo y resulta difícil continuar el tratamiento.

Según el Estudio Nacional de Salud Mental 2003, entre el 85,5 y el 94,7 % de las personas con algún trastorno mental no acceden a ningún servicio de salud. Esto se debe a la pobre atención en salud mental, que se suma al estigma relacionado con las patologías mentales y a la falta de información y educación sobre las expresiones de problemas y trastornos mentales y sobre cómo manejarlos.

El sistema de salud tiene varios problemas relacionados con la atención de este tipo de dolencias:

  • Las Empresas Promotoras de Salud (EPS) generalmente evitan la remisión a especialistas por razones económicas. Esto hace que los problemas y trastornos mentales deban ser manejados en el primer nivel de atención.
  • Los profesionales en el primer nivel de atención generalmente no tienen interés en manejar este tipo de patologías, y carecen del conocimiento y las habilidades suficientes para detectarlos oportunamente y darles el tratamiento adecuado.
  • Los profesionales frecuentemente no disponen de los espacios físicos y del tiempo suficiente de consulta para el manejo adecuado de este tipo de pacientes.
  • El modelo de atención vigente es demasiado complejo como para ser puesto en práctica de manera rápida y efectiva.

A todo esto se suma la escasez de psiquiatras en relación con las necesidades de la población. Hoy tenemos unos 1.250 psiquiatras para 48 millones de habitantes, y de estos aproximadamente 450 están dedicados a la clínica. Adicionalmente, el 80% trabaja en las cuatro principales ciudades del país.

Algo similar ocurre con los psicólogos, que en su mayoría trabajan como psicólogos organizacionales en instituciones educativas o en otros campos distintos del de sector salud. Además, son una minoría los que tienen entrenamiento en psicología clínica.

Para completar el panorama, las personas en áreas rurales y remotas encuentran múltiples barreras para acceder al manejo especializado en salud mental. Esto preocupa especialmente en medio de un conflicto armado que aún no termina y que ha afectado de forma evidente la esfera mental de víctimas y victimarios.

¿Qué hay que hacer?

Las personas con patología mental que no reciben tratamiento o que no son atendidas adecuadamente, sobre todo aquellas con problemas y trastornos graves, no pueden funcionar correctamente en el plano personal, de pareja, familiar, académico, laboral y social. Esto tiene graves consecuencias para sus familias y comunidades.

Otro resultado de la falta de atención es hacer que muchas personas acaben por automedicarse con alcohol u otras sustancias psicoactivas para aliviar sus síntomas.

La escasa o casi nula atención en salud mental se debe a que el Gobierno no le da prioridad a este asunto y por lo tanto invierte poco en él. Así vuelve a constar en el Plan Nacional de Desarrollo que hoy está en discusión.

Si bien tenemos la Ley 1616 sobre salud mental expedida en 2013 y si bien recientemente el ministerio del ramo dio a conocer una Política Nacional de Salud Mental, estas buenas intenciones se quedarán el en el papel mientras falten la voluntad política del alto gobierno y una asignación presupuestal adecuada. El asunto tiene entonces que ir más allá del ministerio de Salud.

Con textos de: razonpublica.com

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