¡Oigan… ustedes los políticos!.

 

Por: Jorge Enrique Díaz Varela

Abusando del parafraseo he tomado el discurso político más importante del mundo para llamar la atención de los líderes políticos de nuestra Colombia, es el discurso que Mario Moreno, Cantinflas pronuncia en la película  de 1966 Su Excelencia el Embajador, ante la Asamblea Internacional y que hoy toma tanta relevancia como en esa época.

Permítame parafrasear….

Me permito dirigirme hoy a los líderes políticos de mi Colombia, no me importa si son verdes, rojos, azules, o son progresistas, o de derecha, izquierda o tal vez tibios, y me alegra poder hacer este ejercicio de parafraseo, porque, me permite decir lo que creo y pienso de nuestra realidad.

Sin embargo creo que este mensaje poco o nada les interesara, pero debo hacerlo, sé que a pesar de la insignificancia de mi mensaje pues no tengo credenciales o altos cargos en el Estado, ni poder económico, ni político, pero que a la hora de las elecciones ustedes lideres esperan con ansias mi voto, el de mi familia y mis amigos, claro para lograr el triunfo y así tener el poder de decidir sobre nuestro presente y nuestro futuro, decisiones tomadas en los cómodos escritorios de oficinas opulentas.

Señores Políticos: estamos pasando un momento crucial en nuestro país, la corrupción campea por doquier, el terrorismo quiere volver a tomar ventaja, muchos de los altos funcionarios están manchados por actos non sanctos, y en tanto dos sectores generan polarización, el tema es ¿Cuál es la verdadera intención de dicha polarización?

La sociedad civil colombiana está extremadamente dividida en dos bandos supuestamente irreconciliables, que buscan apropiarse del voto ciudadano para mantener su calidad de vida, calidad de vida que difiere de la de muchos de los ciudadanos del país y de muchas regiones, donde la pobreza se mantiene, y que solo es mirada por la clase política cada vez que hay un año electoral.

El voto de las clases media y baja que aparentemente es débil y pequeño hace que la balanza se cargue de un lado o se cargue de otro lado, porque nos venden la idea que solo hay dos bandos, sin importar el color político o el mesías que encabece uno u otro sector.

Estamos, como quien dice, ante una gran báscula: con un plato ocupado por el sector de la derecha y el otro ocupado por el sector de la izquierda y su respectivo mesías, en medio de ellos el pueblo es un peso pluma, pero a pesar de esa poca valía todos quieren apropiárselo, quieren ser los dueños de esa insignificancia para lograr mantenerse en un espacio donde su confort y calidad de vida no cambiaran, ¡Háganme el favor!…

¿No creen ustedes que es mucha responsabilidad para los ciudadanos de a pie? Creo que no es justo que la mitad de los colombianos, quede condenada a vivir bajo un régimen político y económico que no es de su agrado, solamente porque un frívolo manoseo politiquero ha dividido el país, haciéndolo votar, en un sentido o en otro.

Les habla, un amigo… yo… que he decidido definitivamente que a partir de las próximas elecciones territoriales no votaré por ninguno de los dos bandos. Y no votaré por ninguno de los dos bandos debido a tres razones: primera, porque, repito que no sería justo que mi voto llegase a ayudar a decidir sobre el destino de mis compatriotas a quienes nadie les consulta sobre política pública, sus necesidades y que desean para su calidad de vida; segunda, estoy convencido de que los procedimientos, repito, recalco, los procedimientos aplicados por los bandos en contienda son desastrosos, emparentados con la vulgaridad, el acoso y la falta de argumentos políticos; ¡y tercera!… porque los procedimientos en general de los dos bandos no son de lo más bondadoso que digamos, es decir tres razones, para votar por un sector menos polarizante y más amalgamador en beneficio de todos y todas.

Quiero insistir en algo importante hablo de bandos enfrentados, hablo de procedimientos, no de ideas, para mí todas las ideas son respetables, aunque no esté de acuerdo con ellas. Lo que piense uno de los señores de la política, o el otro señor, no debe impedir que todos nosotros seamos muy buenos amigos y rememos llevando el barco a puerto seguro.

Todos creemos que nuestra manera de ser, de vivir, de pensar y hasta nuestro modito de caminar son los mejores; y el saco se lo tratamos de imponer a los demás y si no lo aceptan decimos que son unos tales y unos cuales y al ratito andamos insultando por redes sociales, más tarde demandando y luego haciendo que se enfrenten los partidarios de los diferentes bandos en contienda. ¿Ustedes creen que eso está bien? que fácil que sería nuestra coexistencia si tan sólo respetásemos el modo de vivir y pensar de cada quién. Ya lo dijo Benito Juárez hace algún tiempo, una de las figuras más humildes pero más grandes de nuestro continente: “El respeto al derecho ajeno es la paz” ese debería ser el credo de los políticos en Colombia.

Tras tanta polarización los dos bandos tienen un grave error, el querer imponer por la fuerza sus ideas y su sistema político y económico, hablan de libertades humanas, pero yo les pregunto: ¿respetan esas libertades? Dicen defender los Derechos humanos pero todos los días caen líderes sociales acribillados por la insensatez de la polarización nacional, hablan de la cultura pero condenan a los maestros porque se atreven a enseñar la historia y la realidad de la patria, hablan de la libre determinación de los pueblos y sin embargo se entrometen en la política de otros países sin permitirles que se den la forma de gobierno que más les convenga.

¿Cómo podemos votar por un sistema que habla de dignidad y acto seguido atropella lo más sagrado de la dignidad humana que es la libertad de conciencia eliminando o pretendiendo eliminar a quienes no piensan como ellos, censurando y tachando de mamertos o paramilitares a quienes no piensan como “se debería pensar”? No, señores políticos, si ¡Oigan… ustedes los políticos!, yo no puedo estar con un sector u otro, o mejor dicho con su modo de actuar; respeto su modo de pensar, allá ustedes la historia los premiara o los condenara, los premiara permitiéndoles estar en la mente de los ciudadanos en el futuro, o se verán condenados al ostracismo del olvido o un triste recuerdo como la pesadilla sin fin de la primera década del siglo XXI, pero no daré mi voto para un sistema u otro para que se implante por la fuerza. ¡El que quiera ser seguidor del mesías de la seguridad democrática que lo sea, o el que quiera ser del mesías de la política humana progresista que lo sea, pero que ellos no pretendan constreñir a los demás, para que se puedan mantener en su mundo de comodidades y opulencia.

Se y lo tengo claro que a muchos les tocare la sensiblería del seudo ego que tienen ¡Un momento Señores!, espero que no me manden a estudiar por vago, o que me tilden de paraco porque no tomo partido, creo firmemente que debemos es trabajar para luchar todos por una sola idea COLOMBIA, basta ya de la grosería, el sectarismo y la polarización, Colombia no es para nosotros es para nuestros hijos y los hijos de ellos, en serio ¿quieren que la historia los recuerde como un grupo de seres que siendo capaces de llevar al país a un buen puerto, por sus mezquinos intereses lo llevaron al abismo, al retraso total y a la pobreza absoluta?

Y ahora, me imagino dirán los de centro este caballero votara por nosotros, pues no, no es tan fácil, porque también muchos de los denominados tibios, se pasaron de la tibieza y también por su egocentrismo le negaron la posibilidad al país de ver la posibilidad de un cambio, y con esto no estoy afirmando que el actual presidente es lo peor o que el que hubiese llegado era la solución, probablemente al igual que en la marcha del actual gobierno, se habría enfrentado a situaciones como una reforma tributaria, un incremento miserable en el salario mínimo y acciones terroristas, porque Colombia está acostumbrado a vivir bajo la sombra de los impuestos, la pobreza y la sangre de jóvenes y campesinos desde el 16 de marzo de 1781 a nuestros días, pero con su lánguida tibieza quitaron la posibilidad de algo diferente.

En las próximas elecciones votare por quien hable de paz pero que su vida sea la proyección de la paz, votare por la candidata o el candidato que sea menos soberbio, que sea capaz de quitarse la camisa del ego y piense en los ciudadanos, que sea capaz de mantener la calma y no vociferar como demente para que sea escuchado o escuchada, un candidato que sea capaz de no imponer lo que cree o proyecta un territorio que pretende gobernar, sino que sea capaz de escucharnos a todos, que sea capaz luchar por el bien colectivo, capaz de combatir la miseria y resolver los tremendos problemas de la vivienda, seguridad, transporte, vestido y sustento.

Finalmente quiero que ustedes los políticos electos donde sean electos, ya sea en Bogotá, Nariño Antioquia, Montería, Medellín o el municipio más pequeño y recóndito de la patria no sucumban ante el materialismo, no se olviden de los más bellos valores del espíritu la ética y los valores, para que sus electores no los vean con desconfianza, los políticos que vengan deben pensar y vivir en paz, hacer de nuestro espacio de vida un espacio ambientalmente sano, un espacio en el que la vida de la flora y la fauna sean prioritarios, donde el bienestar común sea su objetivo principal y la felicidad colectiva y la justicia social sea la meta definitiva de su quehacer como servidores de los ciudadanos que los elegirán.

Les escribo a ustedes como como un simple ciudadano, como un hombre libre, como un hombre cualquiera pero que, sin embargo, cree interpretar el máximo anhelo de todos los colombianos, el anhelo de vivir en paz, el anhelo de superar la pobreza, el anhelo de legar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un país mejor en el que reine la buena voluntad y la concordia. Y qué fácil sería, señores, lograr ese país mejor en que todos liberales, conservadores, de centro, de izquierda, de derecha, ricos y pobres podamos vivir como lo que somos hermanos, hijos de una misma tierra, Colombia.

 

He dicho…

 

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