La crisis toca a los “empresarios del bollo” en Cereté.

 

Por Javier Páez Julio, especial para La Ventana de Córdoba.

A las dos de la madrugada, cuando se escuchan los primeros cantos del gallo y se respira el aroma del café recién hecho, alrededor de cincuenta vendedores de bollo del corregimiento El Quemao en Cereté, salen a vender su producto en los barrios de Montería y zonas circunvecinas.

Los vendedores pertenecen a unas veinte familias que se han dedicado a ser “empresarios de bollo”, comercializándolo en sus diferentes presentaciones: limpio, maduro, de coco, y de yuca. Los bollos, envueltos en hojas de bijao o de plátano, y también hechos con masa de maíz, son una figura gastronómica tradicional en la mesa de los cordobeses.

Para su preparación, este es cocinado en fogones “atizaos” con buena leña, a fuego lento, y se realiza en algunos patios de El Quemao y parte del corregimiento de El Retiro de los Indios.

“¡Bollo, Bollo, Bollo!”, es el pregón que se escucha en las calles por donde transitan los vendedores; niños, hombres y mujeres en bicicletas, carretas y motos. Los bollos de El Quemao y El Retiro se han ganado la fama de ser los mejores de la región.

Es de resaltar que el producto también se vende en Sincelejo, Cartagena, Barranquilla, Bogotá, Medellín  y Cali. Incluso, se ha comercializado en Estados Unidos y Sudáfrica.

“Mi empresa vende solamente en San Juan de Urabá, Puerto libertador, Lorica, Planeta y Chinú”, sostuvo Nelson de Jesús Genes Berrio, microempresario de bollos. Hacer este producto, afirman los vendedores, es una tradición milenaria que pasa de padre a hijo.

Enay Mercedes Berrio es una de las vendedoras de bollos, y también es quien se acerca a los fogones a ojear cómo va la cocción del rico comestible. Sus hijos y  otras personas la acompañan en la tarea de comercializar.

La familia.
Por su parte, Félix Genes Hernández, esposo de Enay Mercedes Berrio, cuenta que sus cuatro hijos; William, Nelson, Raúl y Yamile, fueron criados para mantener viva la tradición. Él explica que “aquí estas empresas generan empleos diarios y anuales, y además utilizan unos 60 jornaleros. El bollo es un alimento de consumo popular y masivo”.

Nelson de Jesús Genes recuerda que su empresa ya cumplió cuarenta años de existencia, y al hablar de sus ganancias se nota preocupado. “Semanalmente solo vendo unos 6 mil pesos. Ahora imagínese el resto de comerciantes”, manifiesta, al indicar que la crisis que afecta a muchos renglones de la economía, también toca a la industria del bollo.

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