Hace 5 años le desfiguraron el rostro con ácido y después de 29 cirugías intenta recuperar la sonrisa y seguir luchando por sus hijos.

 

 

La Fundación Reconstruyendo Rostros fue una luz en su camino de tinieblas, allí fue recibida en el 2015 por el cirujano Alán González, quien le ha practicado 15 cirugías.

Por: Oswaldo Marchena Mendoza

@machenojob

Eran las 7 y 30 de una noche calurosa en Tierralta Córdoba,  y Silvia Roso Julio Jiménez se alistaba para tomar un baño, cuando sintió que golpeaban la puerta. Salió en ropa ligera y envuelta en una toalla y al medio abrir, un desconocido le roció la cara con una mezcla de acido sulfúrico y aceite de batería. Como pudo buscó algo de vestir y salió pidiendo auxilios a gritos.

Fue un 5 de octubre de 2013, y a pesar de los años, Silvia recuerda como se hubiera sido la noche anterior. Madre soltera con 4 hijos,  inmersa en una pobreza absoluta, y con 24 años, Silvia inició una cruzada por alcaldías, gobernación y entidades del Estado, donde tocó puertas sin recibir ayuda.

Sobre el agresor poco o nada se sabe, “a una mujer madre soltera, y sola le quedaba complicado exigir justicia en un municipio marcado por la violencia”, señaló. Considera que la causa del atentado pudo estar relacionada con alguien que estaba obsesionada con ella, pero que nunca le prestó atención. Sin embargo agrega que no tiene pruebas para sindicar a persona alguna.

La Fundación Reconstruyendo Rostros fue una luz en su camino de tinieblas, allí fue recibida en el 2015 por el cirujano Alán González, quien le ha practicado 15 cirugías. En el atentado perdió la visión de uno de sus ojos, por ello en Medellín le han realizados varios procedimientos médicos para tratar de recuperarle la visión del otro ojo, como un trasplante de cornea  y control con el retinólogo.

En Bogotá también es atendida por la dermatóloga, Alexandra Rada, profesional que le brindó toda su solidaridad y la atiende de forma gratuita. Silvia Roso ha pasado por 29 cirugías, y hoy siente que poco a poco empieza a recuperarse de aquella noche fatal.     

Después de aquella horrible noche, y de las primeras atenciones médicas, volvió a casa de sus padres en el corregimiento Las Palomas del municipio de Montería. “Yo no puedo trabajar, me recomendaron reposo total, y cero estrés; pero cómo no preocuparme si se acerca el grado de uno de mis hijos y no tengo un pesos para el evento”, aseguró.

Para el tratamiento en el ojo que le están recuperando necesita la mezcla de una inyección con al alcohol polivinílico, cuyos elementos señala, la EPS Mutual Ser trata de entregárselos oportunamente, pero debido al tema de autorizaciones y por ser un medicamentos No Pos, muchas veces no los recibe a tiempo.

“Pido ayuda a los cordobeses para que me donen ese alcohol polivinílico, el cual es difícil de encontrar en el mercado”, aseveró.  En muchas ocasiones no ha podido viajar a Medellín o a Bogotá por falta de recursos o de simples elementos de aseo necesarios para durar unos días fuera de su casa.

Silvia Roso es el rostro de la violencia contra la mujer cordobesa, y su historia no puede quedar en los medios, es necesario acompañarla con toda la institucionalidad del Estado.

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