Hace 200 años, los españoles decapitaban a los nativos en el Sinú.

 

Por: Domingo Cogollo Narváez

Las decapitaciones y fusilamientos de sinuanos por parte de españoles, en la época de la Independencia, es una historia poco conocida y poco enseñada por nuestros historiadores. Una historia que hay que contarla para no repetirla.

Mientras el general Simón Bolívar líder del ejército patriota ordenaba la toma del Puente de Boyacá para evitar que José María Barreiro, que dirigía a los realistas, avanzara hacía Santafé (hoy Bogotá). En el Sinú las autoridades españolas decapitaban y fusilaban a los independentistas, porque enviaban alimentos a las tropas criollas en Cartagena.

Eso sucedía en estas inhóspitas tierras, mientras en diferentes partes de La Nueva Granada se llevaban a cabo combates para liberar a la naciente República de Colombia del yugo español que había dominado por más de 300 años, desde 1492 cuando Cristóbal Colón hizo su aparición en el nuevo continente llamado América.

A uno de los nativos que le cortaron la cabeza, en Lorica, fue el alcalde de Montería José de la Cruz Gómez en 1812. Luego la exhibieron en la calle 34 con avenida primera de Montería, a orillas del río Sinú, donde se halla una placa. La decapitación se produjo porque lo acusaron de apoyar la rebelión y de traición a la Corona española, como lo cuenta el escritor e investigador José Luis Garcés González.

Cinco años después, “como influencia nefasta de la presencia realista en el Sinú, el 23 de septiembre de 1817, acusados de traición a España, fueron fusilados en Montería, en las riberas del río, el coronel Feliciano Otero, el capitán Felipe Madrid, y el teniente Juan Nepomuceno Jugo, todos partidarios de la independencia”, reitera Garcés. Eso ocurrió en el mismo lugar donde exhibieron la cabeza del alcalde Gómez.

Pero agrega el conocido escritor que en julio de 1820 huestes realistas llegaron derrotadas y atemorizadas a Cartagena, y en abril de 1821 los patriotas al mando de José Prudencio Padilla, que a la sazón era coronel, apabullaron en el río Sinú a las tropas del realista Candamo. Y empezó la debacle española.

Por eso dice Garcés, retrocediendo un poco, que “Los combates en el Sinú, fueron fuertes y de diverso tenor: emboscadas, confrontaciones, fusilamientos, descabezamientos, persecuciones por el río. En 1812 los republicanos encabezados por Miguel Carabaño derrotaron en Cispatá a los españoles que intentaban controlar el Sinú y la Sabana. Pero los realistas estaban mejor armados que los patriotas. Sin embargo, estos supieron luchar y salir victoriosos”.

Añade que esta es una narrativa larga. Los historiadores destacan el apresamiento y fusilamiento en Lorica, Citará, Cispatá y en la desembocadura del Sinú de los comisionados que llevaban alimentos a los cartageneros que a partir de agosto de 1815 se morían de hambre por el cerco asfixiante que les había tendido el español Pablo Morillo para extinguir la rebeldía y la lucha de los patriotas.

“Como lo asegura el doctor en historia Fernando Díaz Díaz, el capitán español Julián Bayer y su tropa eran los encargados de impedir la llegada de alimentos del Sinú a Cartagena. En 1815 la gente de Bayer derrotó a los patriotas que se acantonaban en Chimá y apresó a sus jefes Martín Amador y Pantaleón Ribón”, asegura Garcés.

Otras versiones de la historia

Entretanto, el historiador e investigador William Fortich Díaz, ubica los anteriores hechos en 1813 y dice: “los cordobeses (sinuanos) olvidaron que Chimá, en el año de 1813, fue escenario de la calculada acción de los españoles comandados por el capitán Bayer y en donde resultaron muchos patriotas muertos o heridos, prisioneros, en unos hechos que nos cuenta don Dimas Badel”.

Tres días más tarde del infortunado encuentro en Chimá, agrega el historiador, en que las fuerzas patriotas se desbandaron, cayeron sus jefes en manos del enemigo, capturados en medio del río Sinú. Las tropas de Vicente Sánchez Lima, igualmente procedentes de Corozal, dieron alcance a los fugitivos, cayendo prisioneros Martin Amador, Pantaleón Germán Ribón, Rafael Cardile, capitán Juan Antonio Fernández, doctor José Tirado, Doña Mercedes Colorete, doña Concepción Militar, veintidós militares de graduación, dieciséis soldados y once bogas.

Pero como se dice las fechas en la historia muchas veces son imprecisas, hay otro dato donde no concuerdan Garcés González con Fortich Díaz y es en el fusilamiento de Feliciano Otero, Juan Antonio Madrid y Juan Nepomuceno jugo, entre otros. Sobre esos hechos menciona el historiador Fortich Díaz.

“En esos mismos días, a unas leguas arriba de Montería y cerca de una isleta que los españoles denominaron ‘Matamoros’ y que aún se conoce con el nombre de ‘Islas de los Muertos’, fue aprehendido el champán que llevaba el dinero que enviaban a fin de aliviar en algo las penalidades de la ciudad Heroica y cuyos conductores, el coronel Feliciano Otero, el capitán Juan Antonio Madrid, y los tenientes Juan Nepomuceno Jugo, Juan José Aguirre y Manuel Basilio, fueron villanamente asesinados el 27 de septiembre de 1813 por orden de un sargento español”.

Pero Fortich habla de otras muertes, cuando afirma que, igual suerte corrieron en Cartagena los patriotas Amador y Germán Ribón, ajusticiados el 24 de febrero de 1816. En los días que siguieron, varios párrocos fueron remitidos a Cartagena, entre ellos los de Lorica, San Nicolás de Bari, Purísima y Sampués por su no disimulado desafecto a la causa realista.

“No está demás, recordar -agrega Fortich- los nombres de otros mártires de la Independencia cuyos nombres son prueba de la participación cordobesa (sinuana) en la construcción de la Nación: Tomás Cipriano, patriota hijo de Purísima, pasado por las armas en el pueblo de Citará, de orden del español Julián Bayer, el día 14 de junio de 1816; el coronel Melchor Corena, hijo de Chinú.

Pero, ¿cómo era el Sinú hace 200 años?

Por su parte, el historiador e investigador Óscar Vega Benito-Revollo, afirma que

después que termino la Campaña libertadora en 1819, las condiciones coloniales en el Sinú estaban intactas. La religión, la concentración de la tierra en pocas manos, el analfabetismo, la situación de atomización de la población en el sector rural, el alto índice de mortalidad y expectativa de vida no cambió, la población se mermó fruto de las muertes en combate, la cantidad de viudas y huérfanos era alta.

Más adelante explica: “el Sinú era a inicios del siglo XIX una región de un potencial productivo, por lo que surtía de carne de res, productos lácteos, frutas, verduras, vegetales, ron, azúcar, mieles, artesanías y otros activos a Cartagena, poblaciones de Antioquia, Panamá y las Antillas menores. El tráfico de lanchas era constante y festivo por el río Sinú”.

La existencia de frutas, según Vega, y especies vegetales en los ejidos (terrenos donde cultivaban grupos de personas) y caminos hacían palear el hambre en las poblaciones que vivían en pequeños núcleos familiares, posesiones que solo poseía un cuarterón de tierra donde sembraban preferentemente yuca y unas matas de maíz para los cerdos, pavos y las gallinas.

Para Garcés el Sinú hace 200 años, eran las tierras de la selva, de los animales fieros, del olvido. Pertenecíamos a la provincia de Cartagena, y la dependencia era total. De allá venían todos los gestos de autoridad y de civilización. Del Sinú se mandaba, fundamentalmente, comida, en pie o en tasajo, y madera por toneladas. Lorica era la gran despensa alimenticia, como lo asevera en su Geografía el ex presidente Juan José Nieto.

José Luis Garcés González remata con esta contundente frase que sirve para el debate: “a la historia nuestra le ha faltado estudio y una seria divulgación. La ignorancia histórica es lamentable. Muchos de los profesores de historia no conocen la historia, y tampoco saben escribirla”.

A ciencia cierta, no se sabe cuántos muertos hubo hace 200 años en el Sinú, como consecuencia de la independencia de Colombia. Pero sí se asegura que fueron muchos. Esa es una historia, que después de dos siglos, todavía está por descubrirse. Esperamos su aporte.

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