El Código que enfrentó a policías con buenos ciudadanos.

 

Ese “esperpento” normativo, le está causando un daño salvaje a la Policía Nacional de Colombia.

Por: Oswaldo Marchena Mendoza.

@marchenojob

Nunca antes, dese que tengo memoria, había visto a tantos ciudadanos indignados con la Policía. El florero de Llorente fue el momento en que sancionaron a una persona por comprar empandas en un puesto de ventas ambulantes; pero ahí no paró la cosa, después castigaron a un poeta por tratar de comercializar sus versos, y la ola del intenso enfado con la Institución llegó a su cúspide el día en que se metieron con un símbolo de la cultura nacional (Las negras palenqueras que se ganan la vida en la ciudad amurallada).

No había pasado mucho tiempo después del triste episodio con la negra palenquera, cuando un turista colgó en sus redes sociales un vídeo que muestra a la plaza de San Diego en la zona amurallada de Cartagena, donde se observa el espacio público tomado por lujosos restaurantes con sillas y mesas en la vía pública, mientras al fondo se ve recostada en un rincón, abatida por la ignominia de la sociedad a una negra palenquera con su ponchera llena de frutas frescas.

En un acto demencial, la Policía sancionó a una tradicional palenquera por vender frutas en Cartagena, en una acción que incluyó el decomiso de los alimentos por supuestamente ocupar indebidamente el espacio público. El nuevo Código de Policía terminó de borrar el poco rostro humano que le quedaba a la Institución y logró que muchos ciudadanos miren hoy con desprecio y desconfianza a los policías (esos que tantas veces han entregado su vida por proteger a las personas).

La conocida periodista de El Universal de Cartagena, Rebeca  González, se refirió al altercado: “Sobre el caso de las palenqueras vs el Código de Policía: Si las van a desalojar de sus tradicionales puestos de trabajo, dejen de hacer uso de la imagen de ellas para promocionar a Cartagena. Eso sería hipocresía y oportunismo”.

Ese “esperpento” normativo, le está causando un daño salvaje a la Policía Nacional de Colombia. Mientras a los centros urbanos del país se trasladaron las guerras por el narcotráfico, al tiempo que muchas ciudades se desestabilizan por el crecimiento de la delincuencia en sus peores y maquiavélicos engendros del mal, y precisamente cuando los alcaldes piden a gritos más apoyo de la fuerza pública; entonces nace el famoso Código que obliga a darle una lucha sin cuartel a la informalidad en todas sus formas, en un país donde el desempleo y el hambre se pasean por sus calles.

Todos los días amanece en las redes sociales, (espejo de la realidad el país), vídeos de policías persiguiendo  a vendedores ambulantes, al tiempo que se vuelven virales escenas de ciudadanos víctimas de atracos, y de indefensas señoras  sometidas a toda clase de vejámenes por delincuentes depravados que se pasean como Pedro por su casa por las vías públicas. Siempre que uno observa esas escenas, recuerda la de los policías acorralando a los vendedores ambulantes.

Las monstruosidades que encierra el famoso Código de Policía no nos puede borrar de la mente cantidades de escenas con policías heridos, muertos, y mutilados ante acciones de terroristas mientras les brindaban protección a ciudadanos. El asunto pasa por una norma con diferentes interpretaciones parte del mismo Ministerio de Justicia, y de los diferentes organismos del Estado.

Claro que muchas personas se sienten agredidas con este Código, pero si hay una entidad  lesionado con la implementación del mismo, es precisamente la Policía Nacional, porque repito, dicha norma está ayudando a construir un imaginario colectivo en el sentido que la Policía dejó de cumplir su deber constitucional de proteger ciudadanos para perseguir y agredir vendedores informales.

El Policía de la cuadra.

Yo recuerdo que hace muños años, nuestros padres nos mandaban a la tienda con mucha confianza; eran otros tiempos, y siempre, por lo general estaba el policía de la cuadra, el que todos en el barrio conocían, y que incluso tomaba tinto en las casas donde lo trataban como a alguien más de la familia. El policía de la cuadra, ese que generaba seguridad y confianza entre los vecinos, poco a poco fue reemplazado por los famosos cuadrantes y se perdió esa empatía entre ciudadanos y policías.

Esta semana la Policía Metropolitana en Montería hizo entrega en el corregimiento El Sabanal de una bicicleta a dos hermanitos (Keila Sofía Torres Peña y Santiago Torres Peña) de escasos recursos, cuya ilusión era tener una bicicleta nueva, ya que la que tenían estaba bastante deteriorada; es decir en muy malas condiciones y la misma no les servía para ambos ir a la escuela que queda a unos 40 minutos. Los niños, y toda su familia fueron visitados por miembros de la Policía de la Estación El Sabanal y personal de la emisora Radio Policía Nacional. Por muy agresivo que resulte la implementación del Código de Policía, esta clase de acciones no las podemos olvidar.  

El Código Nacional de Policía y convivencia es la primera herramienta con la que cuentan todos los habitantes del territorio y las autoridades para resolver los conflictos que afectan la Convivencia y con la cual se puede evitar que las conductas y sus consecuencias trasciendan a un problema e carácter judicial e inclusive de carácter penal.  El texto de referencia aparece en la página web de la Policía Nacional, pero qué lejos está de interpretar la cruda realidad.

¡Aun es tiempo de cambiarlo y ojalá prosperen las reformas al mismo presentadas en el Congreso de la República! No podemos seguir con un Código que enfrente a ciudadanos buenos con la Policía.

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