Duque, rehén de su propio partido.

 

El presidente Iván Duque lleva poco en el poder; pero ha sido más que suficiente para medir su margen de maniobra, que cada vez parece más supeditado a lo que quieran su partido y su presidente eterno —que son casi la misma vaina—.

El equipo de gobierno, al parecer, recibe órdenes de los parlamentarios y funcionarios uribistas, quienes le ordenan desde cómo hablar hasta con quién verse y con quién no. Y ante la diligencia del presidente, entiende uno la molestia de Uribe hacia Santos por no haberse dejado hacer lo mismo, porque en últimas, el máximo pecado del gran traidor de estos tiempos ha sido gobernar sin consultar a Uribe sobre sus movimientos, como descaradamente preguntó Blu Radio esta semana. Sí, los de la nueva alternativa.

En días pasados la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez hablaba sobre un evento con ‘lideresas sociales’ y la congresista María Fernanda Cabal se tomó la libertad de pedirle que no usara ese lenguaje marxista de terminar las palabras con a, como si Marx tuviera algo que ver con el lenguaje incluyente. O como si Cabal algún día hubiera leído a Marx, o leído, a secas —¡Que todes les vagues estudien, especialmente les congresistes!

Cabal aprovecha y le dice también que esas ‘reivindicaciones estúpidas’ no deberían ser adaptadas en los comunicados de ‘gobiernos que no comulgamos con la ideología pobresista’, porque ajá, ella es el gobierno, y a la vez congresista, y a la vez tiene la autoridad de inventarse términos acomodados, y a la vez es ponente de una ley que buscaría acabar la restitución de tierras y legalizar el despojo. Una belleza, pues.

Ella no ha estado sola en esta tarea, Paloma Valencia, con el carisma que la caracteriza, le pidió al presidente Duque que no se reuniera con los indígenas de la Minga en Cauca. Incluso provocó una tendencia en redes sociales —de las muchas que hacen— acudiendo nuevamente a la táctica apropiada por su movimiento en la cual echan mano de una falacia y la arrojan a la opinión pública para que sus seguidores fieles la reproduzcan.

Y tras quince días de ineficiencia de la ministra del Interior en las negociaciones con los indígenas, el presidente se niega a ir, sigue las instrucciones a raja tabla y, asimismo, dejó a 50 congresistas en la puerta de la Casa de Nariño para reunirse apenas con 3 congresistas aliados. Porque claro, importa más la visión de Ernesto Macías que ni terminó bien el bachillerato, pero hasta sirve como guachimán del Palacio de Nariño.

Por su parte, Duque tira frases con respecto a la paz como: “Buscaré la mejor decisión por parte del presidente, que esté orientado a que en este país tengamos genuina verdad, justicia, reparación y no repetición” y no entiende uno si Duque ahora habla de sí mismo en tercera persona, o si a través de su lenguaje Duque constata que es otro el presidente, que es otro el que toma las decisiones.

Es menester ver cómo el expresidente y senador Álvaro Uribe da órdenes vía telefónica a funcionarios de alto rango, como lo que sucedió con Myriam Martínez, directora de la Agencia Nacional de Tierras. Y ni hablar de los casos donde los ministros de Duque, en declaraciones públicas, no han sabido diferenciar quién es que es el presidente.

Pero claro, Duque incluso puso un negacionista del conflicto en el Centro Nacional de Memoria Histórica, porque es negando lo ocurrido que se pueden negar las hondas responsabilidades de los políticos y los grandes empresarios que azuzaron una guerra que les era rentable.

Del joven y fresco congresista de la economía naranja solo queda un libro que se podría leer en 15 minutos, o menos.

Atrás, muy atrás, quedó el Duque visionario y tecnócrata que criticaba a Santos por el alza de impuestos. Ya casi ni recordamos al Duque que criticó a EE. UU. por su ‘enfoque criminalista’ y exaltó el trabajo de Portugal al ‘descriminalizar’ el consumo de drogas; aunque claro, a ese hombre los uribistas no lo conocieron, porque previo a la bendición de Uribe solo lo conocían en la tienda.

Cada día queda más claro que el uribismo tiene un doble rasero que usan a conveniencia. Son ellos quienes defienden la separación de poderes y las instituciones cuando les conviene, como es el caso de su cogida de mano con el fiscal Néstor Humberto Martínez; y cuando no, apelan a un amplio repertorio de falacias argumentativas que nos da a entender una cosa: si Uribe no tiene mayorías, aliados o poder en X o Y institución, hay que desestabilizarla.Y para eso urgía volver al poder y encabestrar la toma de decisiones clave.

Con Lombana no tiene encontrones públicos, ni dice de ella que ‘no es imparcial’ como solía decir acerca de Barceló, Hernández y Castro, quienes antes llevaban su caso; por el contrario, con Lombana se reúne por más de una hora y el expresidente se va por la puerta de atrás para no dar declaraciones. Claro que les molesta la JEP y la Comisión de la Verdad, tanto porque allá no tiene gente suya, como por lo que se revelará, porque exparamilitares y militares —que ellos juran defender así vayan a salir perjudicados con las reformas que pide el gobierno—, así como exguerrilleros y terceros están acudiendo a contar a los estrados una verdad que hasta ahora ha podido ser manipulada por el favor de los medios masivos de comunicación.

Es preocupante, hay mucho en riesgo para el futuro del país y el cambio de condiciones de vida de las víctimas y la ciudadanía misma si Duque no reacciona. Al paso que va, puede terminar siendo un simple rehén de su propio partido, que acude a la toma de decisiones solo porque es él quien debe comunicarlas, a sabiendas de que así se consolida un Estado en beneficio del totalitarismo, con cooptación de poderes y una búsqueda incansable de legalizar la impunidad propia, porque a ellos lo que parece molestarles de la impunidad es que no la tengan en exclusiva, para así salvar a los suyos, como Andrés Felipe Arias, que es defendido como perseguido político aún cuando fue inhabilitado gracias a la gestión de la mismísima exfiscal Viviane Morales, hoy embajadora de Colombia ante Francia, y del mismísimo exprocurador Ordóñez, hoy embajador de Colombia ante la OEA.

Porque ajá, Andrés Felipe Arias es inocente para el uribismo; pero los responsables de su sanción son altos funcionarios del uribismo que hoy nos gobierna. Qué cosas, ¿no?

¿Será que el Iván Duque de 2016 se comunicará algún día con el Iván Duque presidente para asesorarlo?

Con textos de: laoreja.com

Comentarios

Comentarios

Check Also

Ñoño’ Elías no declaró en contra de Santos por Odebrecht.

  Los integrantes de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes se quedaron …