Del quirófano al desempleo, y  del desempleo a la miseria.

 

¡Pues no señores, echar a un trabajador a la calle enfermo es condenarlo a él y a los suyos a una vida de pobreza y miseria, y eso acaba de suceder en Cerro Matoso, empresa que explora y explota níquel en Montelíbano, municipio de Córdoba en Colombia;  repito en nuestro país!

Por: Oswaldo Marchena Mendoza.

@marchenojob

El mundo está lleno de contrastes, y un claro ejemplo de ello es el de la empresa Cerro Matoso (SOUTH32), que a lo largo de su historia de éxitos empresariales, de cifras y balances positivos, ha librado grandes batallas en los estrados judiciales para librarse del pago de importantes sumas por concepto de regalías, y para defenderse del despido injusto de trabajadores, algunos de ellos con serios problemas de salud.

Por lo general, en todos los pleitos judiciales Cerro Matoso sale adelante, como el reciente de la Corte Constitucional que aceptó –de manera parcial- un recurso de nulidad presentado por la multinacional contra la sentencia T-733/17 en la que se le ordenaba pagar los perjuicios causados a integrantes de comunidades étnicas de la zona. El fallo salvó a la empresa de indemnizar a dichas poblaciones.

Donde no le ha ido bien a Cerro Matoso es con el despido de 27 trabajadores por la huelga de 2015 ordenada por Sintracerromatoso y declarada ilegal por el Tribunal Administrativo de Córdoba y luego ratificado dicho fallo por la Corte Suprema de Justicia. La empresa cometió el error de iniciar los despidos antes que quedara ejecutoriada la sentencia y por ello le ha tocado reintegrar a varios de esos trabajadores, mientras cursan otras demandas que seguramente terminará perdiendo.  

Se necesita haber empoderado en el alma un odio visceral profundo para sumergir en la pobreza a quienes en el pasado ayudaron a la empresa a producir riquezas. El caso más aberrante de los despidos en Cerro Matoso es el de Juan Coronado Mercado, afiliado a Sintracerromatoso, con 37 años de trabajo, 59 de edad y con restricciones médicas después de una cirugía de columna; así en esas precarias condiciones de salud fue despedido por la poderosa multinacional que explota recursos naturales en la región del San Jorge en Córdoba.

Coronado Mercado fue de las primeras personas que le tocó trabajar con las uñas en la mina que explota Cerro Matoso, cuando la tecnología no estaba disponible en la empresa. Tuve la oportunidad de dialogar con él y con un dejo triste, en medio de su convalecencia  me dijo, “no teníamos uniformes, las botas se nos derretían por estar cerca a las fuentes del calor en los crisoles donde se refina el metal, presencie muchos accidentes, estamos vivos por obra y gracia del espíritu santo, hasta que llegaron los elementos de protección”.

Me dijo con algo de orgullo que participó y aportó a la primera colada de producción de Ferro Níquel que Cerro Matoso exportó al mundo. Ayudó a construir riqueza a la empresa que hoy lo condena a la pobreza, y que seguro lo conducirá a la miseria.

Los malos días para Coronado Mercado comenzaron un 22 de febrero de 2018 cuando una trabajadora de la ARL le colocó en su cuerpo un equipo para monitorear la calidad del aire. El pensaba que en Cerro Matoso se respetaban las libertades y por ello le dijo a la funcionaria  que quería conocer los resultados del monitoreo; ahí fue Troya, para la empresa ello constituyó una falta, supuesta agresión (seguramente tipificada en algún código del trabajo redactado en la época de la prehistoria).

Ese proceso disciplinario terminó con su historia laboral en Cerro Matoso, y quedó en la calle despedido injustamente con unas condiciones certificadas de salud, que le cierran las puertas a cualquier oportunidad laboral futura.

Desde comienzos del 2015 comenzó a sentir dolores en la espalda, y al consultar con médicos al servicio de la empresa (Fundación Panzenú), le decían que era un simple lumbago y que siguiera trabajando, hasta que el dolor se hizo más fuerte y tras una resonancia se estableció que padecía una hernia. El pasado 29 de noviembre fue operado en Barranquilla y el 20 de febrero, aun convaleciente fue despedido por la empresa.  

El caso merece el pronunciamiento del Ministerio del Trabajo, de nuestros congresistas, de la Gobernadora de Córdoba (e), de la Alcaldía de Montelíbano; sin embargo el foco de la opinión pública está en Venezuela, como si en Colombia anduviéramos de fiesta en medio de una democracia perfecta. ¡Pues no señores, echar a un trabajador a la calle enfermo es condenarlo a él y a los suyos a una vida de pobreza y miseria, y eso acaba de suceder en Montelíbano, municipio del departamento de Córdoba en Colombia;  repito en nuestro país!

El pasado 18 de febrero de 2019, el neurocirujano, Silvio Rosales Maldonado (el mismo que lo operó), atendió al paciente Juan Coronado, para observar el proceso de recuperación tras su cirugía. Nota de Consulta: Paciente operado a finales de noviembre de Hernia Discal, evolucionando satisfactoriamente, Arcos de movimientos disminuidos por dolor marcha de talones y puntillas normales, se colocará faja más terapias y restricciones.

Diagnóstico: COMP L5S1 POR HERNIA EXTRUSA OPERADO.

TRATAMIENTO: Faja tipo Camp; Terapias Físicas de Relajación Lumbar 20 Sesiones. Recomendaciones: No agacharse, no subir escaleras, no cargar peso mayor de 5 kilos, no majear equipos con vibración, pausas activas cada hora por 5 minutos, no laborar en turnos mayores de 8 horas, no laborar en altas temperaturas y no usar zapatos pesados. Todo esto por 6 meses. Al final está la firma del médico especialista.

Claro que con ese diagnóstico y con esas restricciones un trabajador así no es rentable para Cerro Matos y por ello el pasado 20 de febrero la empresa le envió como “respaldo a sus problemas de salud” la carta de despido: La nota señala en su Ref.: Comunicación decisión final –Terminación unilateral y con justa causa del contrato de trabajo. Al final de la misma aparece la firma de Honorio Castañeda Crespo, Superintendente de Relaciones Laborales de la empresa.

Juan Coronado Mercado, acaba de iniciar una batalla jurídica contra Cerro Matoso, y es la lucha de un humilde y enfermo extrabajador contra una empresa poderosa que se da el lujo de defenderse con los juristas que más facturan en este país. ¡Qué Dios lo respalde y le de fuerzas para afrontar su futuro sin trabajo y en críticas condiciones de salud!

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