Con lo que recibió de indemnización, Carolina completó la plata para pagar su vivienda propia.

Esta mujer, asociada a la Organización Popular de Vivienda (OPV) Senderos de Paz, y su esposo, acaban de recibir la indemnización administrativa por haber sido víctimas de desplazamiento forzado. Lograron así hacer le cierre financiero del pago de su vivienda, que empezará a construirse en una urbanización al sur de Bogotá.

Hace 15 años Carolina Isabel tuvo que salir del municipio donde vivía, junto a toda su familia, porque la guerrilla amenazó de muerte a su papá. Ella llegó con tres hermanos a Soacha, el municipio que colinda con el sur de Bogotá, y su mamá, papá y la menor de sus hermanas, de cinco años, se fueron a Sincelejo, en el departamento de Sucre. Llegaron a sus nuevos lugares de residencia con lo que llevaban puesto y nada más, perdieron todo, pero estaban decididos a volver a construir sus vidas. Y empezaron de cero.

Le tiembla la voz, casi llora, cuando recuerda que su padre quería que todos estudiaran en la universidad, pero no fue posible debido a que perdieron todo sus recursos materiales por desplazamiento forzado. Sin embargo, el conflicto armado no acabó sus recursos mentales y emocionales; Carolina está emocionada: “me siento feliz, presentamos el proyecto de la OPV a la Unidad y se comprometieron a ayudarnos pagándonos la indemnización, para que pudiéramos hacer el cierre financiero”.

Carolina hace parte de las 1.676 personas sobrevivientes del conflicto armado que recibieron la carta de indemnización administrativa, en la jornada más grande que hasta ahora haya organizado la Unidad para las Víctimas en Bogotá con ese objetivo.

“Nos faltaban siete millones y con esto que recibo, más lo que recibe mi esposo, también víctima, tenemos el cierre para que comiencen nuestro apartamento. Estoy muy agradecida con la Unidad porque hombro a hombro trabajó con Senderos de Paz, mi casa quedara en el barrio Porvenir (al sur de Bogotá)”, dice sonriente.

Aunque no pudo ingresar una institución de educación superior, hoy, a sus 30 años, disfruta de la familia que conformó en Bogotá con su esposo y tres hijos. Les han dicho que el apartamento estará listo en diciembre de 2018 y siente que está construyendo un mejor futuro para sus descendientes.

Se sintió identificada con lo dicho por Yolanda Pinto de Gaviria, directora de la Unidad para las Víctimas, durante el acto de entrega de indemnizaciones en el auditorio del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, ubicado en el centro de Bogotá. “Yo estoy de acuerdo con la doctora Yolanda, en mi corazón, como en el de ella, no hay rencor, la Biblia dice que todo nos sucede para bien, y hoy puedo tener en mis manos el cheque para mi apartamento; además, yo tengo hijos y les tengo que inculcar valores”, afirma Carolina, quien logró sacar los resentimientos de su corazón y su mente, y superar el miedo que le generaron las constantes amenazas de la guerrilla de quemar el pueblo y matar a todos los habitantes.

A su papá, su mamá y su hermana menor también les fue bien. Todavía viven en Sincelejo, ya recibieron una vivienda de las que el Estado entrega de manera gratuita a las víctimas y están esperando la indemnización. Por eso, Carolina cree que es necesario que las víctimas tengan optimismo y paciencia: “todo depende de uno, nosotros tenemos que poner nuestro granito de arena, no todo es cuando uno quiere, la Unidad ha sido un gran apoyo para mi familia”.

Y lo dice esta mujer que hasta hace un año no tenía la intención de presentarse como víctima ante la Unidad: “Una amiga me dijo que me metiera a la OPV, ahí gestioné lo de mi apartamento y me salió, y ahora salió esta carta-cheque, todo en menos de un año. Me ha ido bien”.

Las buenas noticias de este día fortalecieron su confianza en el presente y en el futuro, esa que nunca le ha faltado a su familia. “Hemos vivido de trabajar, yo he hecho de todo, aseo, ventas, trabajo en casas de familia, lo que sea, nos metimos en nuestra cabeza que podíamos comenzar de nuevo, y sí se puede, no importa la edad, trabajando honradamente, poniéndonos propósitos”, concluye y sale del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación con sus tres hijos que la han escuchado con atención y con su esposo tomada de la mano.

Texto: Oficina de Prensa Unidad de Víctimas

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